Luis Vicente León y la espada del augurio

espada del augurio

Tengo la particular capacidad de equivocarme en todos mis análisis políticos. Ni qué decir de mis predicciones relacionadas con algún resultado electoral. En ese sentido, soy una brújula infalible: lo que yo diga que va a pasar señala, por oposición, la dirección real que van a tener los acontecimientos.

 Esto no tiene por qué ser motivo de vergüenza ni de reproche. Todos tenemos nuestras limitaciones. El problema estaría en si yo me ganara el sustento como analista político o si, a pesar de mis erráticas apreciaciones, yo insistiera en presentarme ante la sociedad como un ojo avizor. Por eso me sorprende ver a tanto «analista», cuyos promedios de bateo no son muy superiores al mío, lanzar flechas cual Guaicaipuro empericado tratando de acertar la elusiva diana del futuro político de Venezuela.

 El caso paradigmático de esta especie es Luis Vicente León. El presidente de Datanálisis, al igual que su colombroño del planeta Thundera, siempre parece poder ver «más allá de lo evidente». La «espada del augurio» de este profesor de la UCAB y del IESA son las estadísticas. La realidad, la historia y el lenguaje suelen ser en sus artículos e intervenciones meras excusas para la justificación de unos cuantos números. Unos números que sólo él parece manejar, o cuya importancia sólo su clarividencia logra detectar. Números que los necios venezolanos seguimos sin comprender, como si la salida al mayor desastre que ha conocido la historia republicana de Venezuela fuera un código que, como en las películas de acción, simplemente habría que marcar.

 Luis Vicente León tiene, sin embargo, momentos de ternura e introspección. Son raptos de humanidad en donde le escribe cartas abiertas a sus hijos, «los morochos», que serían como unos «Amadores» que lo convertirían automáticamente en nuestro Fernando Savater.

 Su capacidad de distensión, también lo ha demostrado, alcanza dimensiones teatrales. En sus tiempos libres ha llegado a incursionar en el rudo negocio del Stand up comedy, junto a Laureano Márquez, en una pieza de cuyo nombre prefiero no acordarme.

 Fuertes críticas se ha ganado por esta versatilidad, como si la atención al mundo de la farándula incidiera en la lucidez de sus juicios. Críticas que me parecen injustificadas pues creo que la dirección aquí (tengo cierta capacidad para el análisis del discurso y de los personajes) apunta en sentido contrario. El trabajo de analista político le ha quitado tiempo al de comediante, al de showman, que es su no tan secreta y verdadera vocación.

 Porque, al final de cuentas, los análisis de Luis Vicente León son eso: un espectáculo de entretenimiento dirigido a un sector de la población venezolana que en el fondo, por inercia o por legítimo temor, ya se ha acostumbrado a vivir en la barbarie chavista.

 Su más reciente artículo (es difícil seguirle la pista, pues publica varios por semana y en diferentes medios) tiene un título que refleja la base de autoayuda de su discurso: «Condiciones para el éxito».

¿Quién en su sano juicio, en medio de la lucha sin igual llevada adelante por una ciudadanía desarmada frente a una dictadura militar, con un terrible saldo de muertes, torturas, encarcelamientos y represión como el que se ha desatado en el último mes en Venezuela, puede referirse a esta crisis en términos de «éxito»?

 ¿No se da cuenta Luis Vicente León que el drama del país es que ya no hay posibilidad de una salida exitosa? ¿Que los más de cincuenta asesinados entre abril y mayo de 2017, así como los más de cuarenta que hubo en las protestas de 2014, no van a revivir? ¿Qué los años de mayor bonanza económica de la nación se despilfarraron en una orgía grotesca de corrupción? ¿Que una vez que salgamos de la pesadilla de la dictadura de Nicolás Maduro, vamos a tener que lidiar por generaciones con el verdadero legado de Chávez que es el narcotráfico?

 Y no se crea que se trata aquí de una simple lectura de un título. El mencionado artículo resume las líneas mayores del quietismo conformista de Luis Vicente León. La primera es la supuesta falta de apoyo popular de las protestas de la oposición. El presidente de Datanálisis no parece percibir mayores diferencias con las manifestaciones de otros años. La segunda, su reivindicación obstinada de una pasividad disfrazada de no violencia. Y la tercera, su instigación a una carrera presidencial por una fulana ausencia de verdaderos líderes que generen consenso dentro de la oposición. No hace falta insistir en el poder dispersivo, altamente oxigenante para el gobierno, que tendría semejante discusión en estos momentos.

 Llegados a este punto cabría preguntarse, ¿por qué Luis Vicente León y otros personajes de la misma camada hacen lo que hacen? ¿Por qué postergan en sus análisis lo que la realidad ya muestra como inevitable?

 La respuesta está, me parece, en aquel lamento de los romanos en el poema de Cavafys:

 «¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?»

 

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Autor: Rodrigo Blanco Calderón

Escritor y editor venezolano. Por ahora, en París. Autor de los libros de cuentos Una larga fila de hombres (2005), Los invencibles (2007), Las rayas (2011). Y de la novela The Night (2016)

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