La 92.9 FM, siempre, 100 % libre

92.9

Hace unos días, cuando ocurrió el eclipse de sol, me vino a la mente el recuerdo del anterior eclipse total de sol, ocurrido en febrero de 1998. Según los reportes que manejaba la prensa de entonces, la «totalidad» del eclipse sería en realidad de un 92 por ciento. Con el ingenio que la caracterizaba, la emisora 92.9, «tu FM», organizó un evento en la plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes para observar el fenómeno. El lema era sencillamente genial: «un evento noventa y dos por ciento libre de sol».

Ese día, las nubes y un principio de lluvia literalmente aguaron la fiesta. La emisora tuvo que cubrir y guardar los equipos. No se pudo observar gran cosa. Los pedacitos de radiografías recortados para proteger la vista, quedaron inservibles (si es que alguna vez tuvieron esa utilidad). Algunos afortunados se hicieron con unos lentes especiales que la emisora repartió y que aún persisten en algunas cajas de mudanzas que jamás se abrieron, o en los fondos de un closet que lleva demasiado tiempo sin ordenarse, como una memorabilia dolorosamente elocuente: un recuerdo de un país que no pudo ver su propio eclipse.

La mañana del 26 de agosto de 2017 me desperté con la noticia de que la dictadura de Nicolás Maduro había cerrado la emisora Mágica 99.1 FM y la mítica 92.9 FM.

La noticia en sí no es una sorpresa, pues a finales de mayo de este mismo año, Conatel, el organismo creado por el gobierno para la censura, cerró siete estaciones en el estado Barinas. Y unas semanas antes, en abril, ya había cerrado seis más en la ciudad de Punto Fijo. Lo es menos, si además se recuerda que la arremetida contra la libertad de expresión fue una de las directrices originales del proyecto político de Hugo Chávez, quien ya en agosto de 2009 cerró en un solo día treinta y cuatro estaciones de radio.

No es una sorpresa, pero igual duele. El chavismo no sólo ha acabado con el país sino que amenaza también arrasar con nuestros recuerdos. De ahí su talante fascista. En sus tesis sobre la historia, Walter Benjamin lo expresó muy bien. Si «ellos» vencen, ni siquiera nuestros muertos estarán a salvo. Y en nuestro caso, como bien lo decía san Joseph Roth desde el propio año de 1933, «ellos no han dejado de vencer».

Ahora que ya han clausurado la 92.9, cobra sentido esa palabra que aparecía como una marca registrada en todas las promociones y eslóganes de sus programas: «libre». La primera declaración de esta libertad fue bastante problemática. A contracorriente de cualquier sentimiento patriotero y nacionalista, a la 92.9 se le ocurrió presentarse en unas navidades, ya no recuerdo de cuál año, como «la única emisora 100 % libre de gaitas». Lo que en su momento le ocasionó no pocos problemas. Luego, ante el progresivo cerco de la nueva moral chavista, el eslogan quedó reducido a lo que precisamente hoy, cuando ha sido sacada del aire, sigue siendo su esencia: «100 % libre».

El recuerdo del eclipse de sol del 98, la plaza Sadel y la 92.9, lo compartimos varios amigos del colegio a través de un grupo que tenemos en whatsapp. La mayoría están regados por el mundo. Unos pocos todavía viven en Caracas. Las anécdotas y conversaciones que compartimos en ese grupo remiten casi siempre a nuestra vida de niños y adolescentes que terminó en julio de 1998, cuando nos graduamos de bachilleres. Ese grupo es, de alguna manera, una forma de eclipsar con la memoria los años de horror que han desgarrado y separado a todo un país.

Por eso, y para no permitir que se cumpla la profecía de Benjamin y estos malandros desalmados que nos agobian no arrasen también con nuestros muertos y con nuestro pasado, consigno al azar algunos recuerdos ligados a la emisora 92. 9 FM.

  • Recuerdo las veces en casa de mi amigo Ivens Zambrano cuando escuchábamos el programa Rockadencia, de Guillermo «Jones» Zambrano y Fernando Ces. Llamábamos para pedir que pusieran Enter sandman, de Metallica.
  • Recuerdo la vez que en un restaurante de Las Mercedes, junto a mi papá, vi a Carmen Cecilia Limardo, alias «CC», la conductora de El zoológico, el programa de la mañana que ella tenía junto a Nelson Matamoros. La saludé y me respondió con mucha amabilidad y yo no cabía de contento.
  • Recuerdo unos jingles navideños que la 92.9 FM anunció con bombos y platillos con una gran campaña de prensa. Los jingles, decían, habían sido grabados en un importantísimo estudio de Los Ángeles, involucrando a los mejores productores y artistas. Cuando finalmente fueron lanzados, todo se reducía a unas canciones navideñas cantadas al desgaire, con un cuatro y unos coritos como de fiesta al amanecer que decían «tuki tuki tuki tuki…tuki tuki tukitá…adelante mi burrito que ya vamos a empezar». El Nacional, que había prestado sus páginas para la promoción de los famosos jingles, publicó un reportaje donde se mostraban enfurecidos por la tomadura de pelo.
  • Recuerdo haber escuchado por completo una emisión especial de La música que sacudió y sacude al mundo, de Alfredo Escalante, dedicado a Queen, que empezó a la una de la mañana y terminó a las seis. Durante el programa, Escalante recibió al aire una llamada de su hijo, que vivía en Italia y que era evangélico. Escalante y su hijo, al parecer, tenían muchos años sin verse ni hablarse.
  • Recuerdo una calcomanía de la 92.9 FM que tenía pegada en la puerta de mi closet. Una vez reproduje a lápiz el logotipo. Los números gruesos y verdes. El gordo punto fucsia separando los números.
  • Recuerdo cuando, de camino al colegio,  mi mamá, mi hermana y yo escuchábamos El Monstruo de la mañana, con Luis Chataing.
  • Recuerdo cuando, de ida o de regreso del colegio, que quedaba en Colinas de Bello Monte, a veces tocaba hacer un desvío por Las Mercedes y pasar al lado de esa esquina agitada que formaba la emisora junto a la tienda de discos Recordland. Si había suerte, uno veía entrar y salir a los locutores, que para los adolescentes de esa época eran las encarnaciones de lo más «cool» que existía, así como a «estrellas» invitadas.
  • Recuerdo haber ido a la 92.9 FM a reclamar más de una vez los premios que me ganaba en algunos concursos. Un disco o un afiche de una banda de rock, que me fascinaba y que ya no recuerdo cuál era.
  • Recuerdo el número de teléfono, de seis dígitos, de la emisora: 91.99.29 y que los locutores anunciaban 9-1-9-92.9.
  • Recuerdo un joropo llamado El jalabolas, de Rafael Garrido, que la 92.9 FM pasaba una y otra vez para cumplir con la imposición del primer gobierno de Chávez de poner música llanera en todas las emisoras de radio del país. Esa canción terminaría siendo profética, pues leo que la 92.9 FM ha sido sustituida inmediatamente por una emisora llamada Radio Corazón llanero.
  • Recuerdo cuando muchos años después de estos otros recuerdos, pude al fin entrar a las cabinas de transmisión. A través del vidrio podía verse el interior de Recordland, vacío como un parque de diversiones abandonado. Yo había crecido. Me había convertido en escritor y, peor aún, en adulto. La entrevista me la hizo Joaquín Ortega, último mohicano de la 92.9 Tu FM.

 

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Autor: Rodrigo Blanco Calderón

Escritor y editor venezolano. Por ahora, en París. Autor de los libros de cuentos Una larga fila de hombres (2005), Los invencibles (2007), Las rayas (2011). Y de la novela The Night (2016)

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